¡Familia, esto hay que platicarlo con calma! Apenas va el primer día de Tecate Pa’l Norte 2026 y ya tuvimos uno de esos momentos que se quedan grabados en la memoria del festival. Niño Viejo se presentó por primera vez en su carrera en el Parque Fundidora, inauguró el Escenario Acústico Hey y, como si eso no fuera suficiente, se sacó de la manga a Ed Maverick como artista invitado. Sí, así como lo lees. Si no estuviste ahí, quédate porque te vamos a contar todo.

Niño Viejo es el proyecto de Baruch Argil, un chavo de 25 años originario de Mexicali, Baja California, que lleva unos años construyendo algo muy especial dentro de la escena independiente mexicana. Su propuesta mezcla indie rock, folk, garage y power-pop con letras que se sienten como una plática honesta con tu mejor amigo a las 3 de la mañana. Melancolía bonita, nostalgia sin drama, y una sensibilidad que te llega sin que te des cuenta. Él mismo lo describe como “una futura nostalgia o incertidumbre del pasado”, y la neta no hay mejor forma de decirlo.

El proyecto nació en 2020, en plena pandemia, como una necesidad de expresión. Baruch ya tocaba desde los 16 años con una banda, pero Niño Viejo fue su manera de encontrar su propia voz. El nombre lo vio escrito con letras góticas en un camión y le encantó esa dualidad: ser joven pero sentirte cansado del mundo, o ser viejo pero con todas las ganas de comerte la vida. Empezó grabando en su cuarto, subiendo canciones a plataformas, y poco a poco fue conectando con una escena que lo recibió con los brazos abiertos. Hizo un tour nacional como telonero de Señor Kino, abrió shows de Luca Bocci y Ataquemos, y la cosa fue creciendo orgánicamente.

En 2024 llegó el momento clave: su álbum debut “amor”, un disco de 10 canciones que grabó en el estudio chihuahuense Hoy Es Un Buen Día con la producción de nada menos que Ed Maverick y Caleb Zazueta (LEBO). Un material sincero, cálido, que habla de las distintas formas del amor sin caer en clichés. Temas como “Oye amigo”, “Ventana” y “Volver a caminar solo por el centro” son la entrada perfecta si aún no lo conoces: canciones que te abrazan, que te hacen querer salir a caminar por tu ciudad con los audífonos puestos y las ganas de sentir todo. Si le sumas las influencias que Baruch trae desde sus fiestas familiares donde sus tías ponían de todo —desde The Beatles y Radiohead hasta Nirvana— entiendes de dónde viene ese sonido tan particular que tiene Niño Viejo: mexicano hasta la médula pero con un oído entrenado en el mejor rock anglosajón.
Y bueno, vamos a lo que se vivió hoy en Monterrey. El sol estaba pegando durísimo en el Parque Fundidora y el Escenario Acústico Hey se sentía como un horno, pero eso no detuvo a nadie. Niño Viejo subió al escenario con toda la energía y lo primero que soltó fue un “¡Hola, Pa’l Norte!, ¿cómo están?, ¡está fuerte el sol!, ¿qué pedo?” que arrancó aplausos, ovaciones y gritos del público. Desde ese momento supimos que esto iba a estar bueno.
Con su guitarra y esa manera tan íntima de conectar con la gente, Baruch fue desgranando un setlist que incluyó varios temas de “amor” y que hizo cantar y saltar a los asistentes a pesar del calor infernal. Sonaron “Oye amigo”, “Ventana” y “Volver a caminar solo por el centro”, entre otros. Cada canción se sentía como una conversación personal, como si Niño Viejo estuviera tocando solo para ti aunque hubiera cientos de personas alrededor. Esa es la magia de su propuesta: la cercanía. No necesita pirotecnia ni grandes producciones. Le basta con su música, su honestidad y ese carisma tranquilo que te atrapa sin que te des cuenta.

Pero el momentazo —porque hay que llamarlo por su nombre— llegó cuando apareció Ed Maverick en el escenario como artista invitado. El público enloqueció. Y es que la conexión entre estos dos va mucho más allá de una colaboración cualquiera: Ed produjo el disco debut de Niño Viejo, son amigos, comparten una visión de la música que prioriza lo emocional sobre lo comercial, y eso se nota cuando tocan juntos. Interpretaron “Todas las veces” y fue de esos instantes donde el festival se detiene, el calor se olvida y solo queda la música. La ovación del público fue de principio a fin, sin pausas, sin respiro. Un momento genuino que se sintió como un regalo para los que estuvimos ahí.
Ed Maverick, para quien no lo tenga presente, es uno de los artistas más importantes de la escena independiente mexicana. Originario de Delicias, Chihuahua, explotó en 2018 con “Mix pa’ llorar en tu cuarto” y desde entonces no ha parado: ganador de un Grammy Latino, más de 6 millones de oyentes mensuales en Spotify, giras internacionales, y un disco reciente —“La Nube en el Jardín”— que lo tiene de gira nacional en 2026 con un formato íntimo e introspectivo. Que haya aparecido hoy como invitado de Niño Viejo en Pa’l Norte habla del cariño y el respeto que se tienen, y de lo sólida que es la escena independiente del norte de México.

Niño Viejo demostró hoy que está listo para los escenarios grandes. Su debut en Pa’l Norte fue impecable: emotivo, cercano, honesto, y con ese momentazo junto a Ed Maverick que se va a quedar en la historia del festival. Si no lo tenías en el radar, ya no hay pretexto. Búscalo, ponle play a “amor”, y recuerda este nombre: Niño Viejo. Desde Mexicali para el mundo, y apenas está empezando.

Nos vemos en el Parque Fundidora. Esto sigue.
Fotos y cobertura: Conciertos Encore @lalentedemau_
