Con su estilo único —ese que ha creado escuela y sienta cátedra en todo el mundo— Miguel Poveda desembarcaba en el colosal escenario de Starlite Madrid para presentar El árbol de la alegría, su último trabajo de estudio, un disco que, bajo sus texturas, está integrado principalmente por villancicos tradicionales.

Starlite Madrid abre sus puertas por tercer año consecutivo, apostando por convertirse en el gran evento de ocio de la capital durante la Navidad. Dos pabellones de IFEMA, el 12 y el 14, se ponen al servicio del visitante para hacer realidad la magia de estas fechas. Hasta el próximo 23 de diciembre, la Navidad seguirá iluminando la ciudad con una cuidada propuesta de ocio que incluye shows de primer nivel, un mercadillo navideño cautivador, una variada oferta gastronómica para todos los paladares y las mejores after partys hasta bien entrada la madrugada. Un espacio pensado, creado e ideado para que el asistente disfrute de una experiencia completamente inmersiva.
El protagonista de la noche del viernes era Miguel Poveda, y su talento innato para interpretar el flamenco más puro: el cante jondo, las bulerías, los tanguillos de Huelva, haciéndonos creer por momentos que estábamos en el barrio del Sacromonte de Granada sin movernos de nuestras butacas.

Ante un océano de aplausos aparecía en escena el cantaor catalán para guiar al auditorio en un recorrido por su extensa carrera, donde el espíritu de estas fechas tan señaladas estuvo más presente que nunca. Un espectáculo concebido como un concierto de marcado carácter flamenco, pero con un profundo corazón navideño.


El escenario resultaba imponente. Un gran telón en tonos rojos presidía el espacio; un árbol de Navidad, sutilmente ubicado en uno de los laterales, y dos mini stages: uno con un set de percusión y otro con cuatro sillas clásicas de cuadro flamenco. Todo dispuesto, todo medido al milímetro para que Miguel Poveda pintara una obra de arte de máxima expresión, de esas que merecen colgarse de forma permanente en una galería.

Con motivo de la presentación de El árbol de la alegría, eje central de la velada, Miguel Poveda, a ritmo de villancicos, coplas y cantes flamencos, sacó su lado más jondo para compartir una noche destinada a quedar en la memoria colectiva. Desde el primer instante supo conectar con el público. Un auditorio entregado le proclamó su cariño sin reservas, y el artista devolvió cada muestra de afecto con un concierto de altísimo nivel. Su voz lució sólida, acompasada y profundamente emotiva durante las casi dos horas de actuación. Starlite Madrid se fundió en un solo corazón, latiendo al unísono con cada verso, cada estrofa y cada pieza sonora interpretada por Poveda.
Conducido en todo momento por las cuerdas, la madera y la guitarra del talentosísimo Jesús Guerrero, Poveda fue creando un universo paralelo en el que las almas de los miles de asistentes se sumergieron sin resistencia. Difícil resulta narrar lo vivido: emoción a flor de piel y un aura que no solo transmite duende, sino que sienta auténtica cátedra de flamenco.

Durante el concierto, el cantaor fue intercalando piezas icónicas de sus más de 25 años de trayectoria con temas de El árbol de la alegría, logrando tocar la fibra del respetable de principio a fin. Los cambios de vestuario, además de aportar elegancia, sirvieron para marcar distintos tercios en la actuación. Poveda demostró un poderío vocal digno de estudio, manteniéndose cercano, alegre y comunicativo durante toda la noche.
El espectáculo está concebido como un refugio donde las penas se quedan fuera. Durante su desarrollo, el alma se permite viajar, trasladarse a otro espacio y a otro tiempo. Las luces juegan un papel protagonista y, con sus continuas modificaciones, crean una atmósfera única, propia del cuadro flamenco, pero también de un espectáculo diseñado para cautivar.

Piezas como “Portal de Oriente”, “Camino de Egipto”, “Los Campanilleros” y “Fuera las penas” convirtieron la noche en una experiencia irrepetible. Momentos como su bajada a cantar entre el público, la aparición de una bailaora sobre las tablas o el duelo musical con su guitarrista Jesús Guerrero quedarán para siempre grabados en la memoria colectiva.
Como primicia, anunció que revisitará su emblemático disco Coplas del querer, publicado hace más de 15 años, con una gira prevista para mediados de 2026, una noticia que desató un aplauso unánime en todo el recinto.
La entrega de Miguel Poveda fue absoluta. El duende, tan característico de los grandes artistas flamencos, parece una extensión natural de su ser. Incluso cuando habla con el público emociona y sabe cómo cautivar. No es justo decir que lo vivido en Starlite Madrid fue solo un concierto; fue una experiencia vital, de esas que todo ser humano debería vivir al menos una vez en la vida.

Su espectáculo navideño, protagonizado por villancicos tradicionales reinterpretados bajo su personal sello, sirvió como preludio perfecto para la Nochebuena. En el tramo final, visiblemente emocionado, fue presentando con sentidas palabras a cada uno de sus músicos. De pie junto a ellos, acompañados de pandero, mortero y crótalos, interpretaron las últimas piezas antes de retirarse cantando y marcando el compás por uno de los laterales del escenario, ante una ovación tan atronadora que obligó al protagonista a regresar para interpretar “La bien pagá” y “Mis tres puñales”, con un auditorio rendido y brillante.
Concluía así una noche especial, con duende, con alma y con Miguel Poveda en un estado de forma absolutamente sublime.
Starlite Madrid, el festival que llena de estrellas el cielo de Madrid y el alma del respetable.
Reseña por Mauro Nicolás Gamboa
